sábado, 31 de marzo de 2012

Me enojo.

Llevo casi 3 meses callada. 3 meses en que he podido digerir cada una de las cosas por las que he pasado.
3 meses evitando escuchar canciones, 3 meses evitando deambular por ciertos lugares, 3 meses botando elementos inertes que me hacen recordar etapas que, agradecida digo, ya están guardadas en el baúl de los recuerdos (buenos o malos, da igual).
Así he crecido todos los días un poco, aunque siquiera me mueva de mi cama, de mi mundito.
Hoy salí. Salí a cumplir conmigo con unos trámites y luego, fui a ponerme al día con algo que jamás hice antes por diversos motivos. Era, sin duda, un asunto pendiente y fue así que sentí algo que no sentía hace años... sí, hace años.
Por un par de horas, me envolví en recuerdos preciosos, en calles largas caminadas bajo la lluvia, llenas de risas y abrazos.
Me dejé llevar por cosas buenas, escuché cada nota y relacioné cada letra con las cosas ya vividas... hasta sentí ganas de levantarme, caminar y sonreír.
Por más que intento pasarlo a palabras, no lo logro.
Tuve microsegundos de recuerdos de mucha gente y, de repente, nada me importó... y de repente, me sentí feliz; muy feliz.
Venía en la micro y no se me pasaba, y a la vez, puteaba por no tener las canciones correcta en mi playlist del celular.
Pensé y pensé y no podía creer la conclusión que estaba sacando.
No quiero dormirme, pues temo que esta sensación se pase. Es más, quise que el tiempo se detuviera, se congelara o bien, que esos instantes fuesen infinitos.
Descubrí algo... algo muy feo que siquiera podría escribir, porque es sabido que en la web, todo tiene orejas, ojos y hasta la sensación del sentir, pero, sí. Estoy cada vez más convencida de la conclusión que saqué hoy.
Sólo puedo escribir que llevo años tapando el sol con un dedo y es un problema sólo mio. Acá no hay otra opinión más valiosa que la mía, porque nadie, en este instante, siente lo que siento yo.
Me enojo conmigo, me enojo mucho porque no puedo hacer nada. La historia ya está escrita con otros tintes, porque la vida, el tiempo y la distancia lo quiso así.
No dejo de imaginar en qué hubiese sido de mi de no haber sucedido todo lo que ya está hecho y me vuelvo a enojar. Me enojo porque, simplemente, mi vida hubiese sido perfecta. Todo lo que he pasado, no existiría y estoy segura de que sería, en este instante, la mujer más feliz del mundo.
No hay forma de volver a encaminar todo, siquiera mantengo la esperanza, porque sería una estúpida, una idiota (sí, más idiota aún)
Soy tan mala para resignarme, por la cresta.

(Escuchar desde el minuto 4.30)

sábado, 24 de marzo de 2012

Casi Adiós.

Poder decir adiós, es crecer.
Entonces, no he crecido nada.
O sea sí,  he crecido, pero, yo quiero crecer más en este instante.
El último día que crecí, fue el miércoles. Supe decir adiós a largos tiempos de incertidumbre, que me tienen (aún) con un nudo en la garganta.
Fueron muchas palabras, situaciones, ideas y pensamientos, hilados de perfecta forma... de la forma más comprensible para mi.
Lloré dando las gracias por la sinceridad, por la fluidez y por haber tenido la oportunidad de escucharlo todo.
Cada sílaba, calaba profundo y, a la vez, recordaba tantos momentos perdidos por estar suspendida en el aire.
Me tocaba las piernas, miraba por la ventana, miraba a la puerta y a ratos, me pedían mirar a los ojos. Y ahí, me perdía. Me perdía, me perdía.
Agradecí tanto el gesto, que lograba sonreír entre tantas lágrimas que rodaban por mis mejillas.
Doy la vida por repetir ese instante, por volver a decir cada palabra que no sé cómo pude hilar de forma coherente, sincera y satisfecha.
El mundo sigue girando y yo ya sé cuales son las cosas que jamás volverán a suceder.
Espero el día en que pueda al fin sostener el peso del universo sobre mis hombros y para eso, tal como me dijeron por ahí, debo aprender a pararme derecha.
Es momento de erguir la columna.


domingo, 18 de marzo de 2012

De pérdidas y perdón.

Se pierde el dinero, las oportunidades, la virginidad... hasta la vida!
Las pérdidas, no siempre tienen que ver con el extravío; al menos, no las más importantes.
Estos últimos 6 meses, han sido raros, extraños, dolidos, ingratos... y toda la culpa es mía. Sí,la culpa es mía.
Tuve un momento de "toma todo", solamente por el miedo de "perder", pero, la vida se encarga de devolver todo y en eso estoy, recibiendo tortazos, espaldarazos e ingratitudes.
Hice tanto mal a personas que no lo merecían y que, quizás, jamás me perdonen.
Hoy, ya no doy más del arrepentimiento; lloro desconsolada por todo lo que perdí, por culpa de mi mente loca y, a ratos, perversa.
Todo y nada tiene sentido, ahora que rememoro todas las cagaditas que me mandé.
Quise vivir la vida loca, como algunas lo hacen, quise pasar de lista y el efecto fue en rebote, quise amar y aún no estaba preparada, quise volver... y ya no hay vuelta.

Debo reconocerme como una persona totalmente dependiente, en cuanto a sentimientos y cariños. No sé valerme sola, no sé qué hacer sin el apoyo de alguna persona.
Hoy, enfrento la partida de mi amiga y es de esas amigas de verdad, porque también le mentí, también no nos hablamos, también rabeamos y también me apuntó con el dedo y quizo no verme más, pero... ahí estuvo.
En un momento, la vida hizo que a ella el escupo que tiró al cielo, le cayera en la cara y la bañara completamente.
La vi sentir y permanecer en unos brazos que nunca había querido, bajo circunstancias que jamás deseo para ella. Y en el momento en que las cosas se nublaron, se acercó a mi y me dijo: "la tortilla se dió vuelta y hoy ya no soy quién para apuntarte con el dedo". De ahí, en adelante, un hilo nos unió, en las buenas y en las malas, compartiendo cada lágrima, cada sentimiento errado, cada condoro de mi parte.
Siempre estuvo ahí y hoy, veo que te alejas con el corazón quizás más trizado que el mío, pero, con tu bolso de sueños y crecimiento bien empacado. (No voy a decir maleta, jajajajajaja)
Hasta hoy, te dije que no te fueras, porque mi egoísmo no permite verte ir, no tenerte cerca y obviamente, el miedo físico de quedarme sola, pero, quiero que seas feliz y la mejor en este lindo proyecto. Todo está en ti y, en cuento a lo otro, ya pasará.

Por mi parte, ya no quiero causar problemas a nadie, ni dolor, ni angustia, ni pena.
Por primera vez en mi vida, fui una mujer mala... y CRESTA QUE ESTOY ARREPENTIDA.
Fui una descarada, mala clase, desalmada y por eso, porque todo se devuelve en la vida, estoy como estoy.
Perdí tantas cosas que valían oro en mi vida y otras que ya comenzaban a valerlo.
He pensado en tomar tristes decisiones, pero, miro a mi vieja, a mi hermana, a mi Crespa y cierro los ojos, cuento hasta 10 y camino y después de ese caminar vuelvo a pensar en que en estos instantes, sólo ocupo espacio, resto aire y un etcétera de cosas más.
Llegué de la isla el 22 de febrero y he salido de mi casa no más de 10 veces. Estoy encuevada y enterrada en mi cama, no tengo fuerzas para levantarme y me falta el motor de la vida: la danza.
Hago clases, enseño, corrijo, ayudo... pero, como bailarina, estoy estancada y el peso de mis pies, es tan pesado como el de mi conciencia.
Ahora, estoy más sola que nunca y no sé hasta cuándo pueda soportar tanta amargura y desdicha. Mi desfachatez a ratos es máxima, al querer pedir otra oportunidad en la vida, una oportunidad para ver que la vida es más que trabajo, notebook, celular, pieza y cigarrillos, pero, me enrostran cada vez más que no soy merecedora de nada, que "acá el único que tiene derecho a hablar y pedir cosas soy yo" y el basureo me llega hasta el cogote.
Si alguien llega a leer esto, perdóneme... no sé de qué, pero, perdóneme.
Si le hice algo malo, créame que ya no quiero siquiera hacer cosas buenas. No busco olvido. No busco reencuentros. Sólo, perdóneme.
Al final, acá soy yo la única que...
... perdió el perdón.