miércoles, 11 de abril de 2012

El drama de la eterna utopía.

No voy a hablar de ese sueño que uno siempre quiere cumplir: la casa enorme con 3 perros, 1 piscina, jacuzzi en el baño, 2 sirvientas, 1 chofer, 3 autos disponibles, billetera siempre llena, viajes y cruceros por el caribe, etc, etc, etc.
Hoy, me quiero referir a esa persona perfecta, existente, conocido y alcanzable que siempre deja huella y que termina, a pesar de todo, convirtiéndose en el amor platónico de cada un@ de nosotr@s.
Todos hemos tenido una pareja que se ha acercado a la perfección (o que, a veces, es simplemente perfect@).
El por qué no se sigue con esa pareja, al momento de tomar la decisión de distanciarse, es variado:
porque ya no se siente lo mismo, porque la distancia no lo permite o, como me acaban de soplar por ahí, de hue'ona.
Encontrar la pareja perfecta, es practica y simplemente imposible. Basta con que nos pongamos a pensar en todas esas cosas que nos gustaría de una persona que JAMÁS deben estar ausentes... esas cosas que de no existir, significa un rotundo NEXT.
Sin siquiera pensarlo: en mi caso, por ejemplo, que use calcetines blancos al andar con terno, que tenga menos ritmo que trote de vaca y que no sea capaz de pensar en dos.
Convengamos que, ni por muy perfecta que sea la pareja, el final de toda historia, aunque sea de mutuo acuerdo o en la mejor de las buenas ondas, siempre, pero, SIEMPRE, el porrazo de sentir y ver este final, es más doloroso que la cresta.
A veces, los finales dan paso a grandes amistades (que se construyen después de un tiempo), a desapariciones como si se los hubiese tragado la tierra, o a reencuentros después de mucho tiempo y nos guste o no, siempre guardamos un cariño... y lo requetecontra guardamos.
Pasan las horas, los días, los meses, los años y la vida da nuevas oportunidades.
Después del término de una idílica relación, cuesta retomar una nueva, pero, se da la oportunidad y la tomamos con mucho cuidado. A veces, tememos que esta nueva persona, pueda ser mejor que aquel ser ideal. ¿Por qué? No lo sé, o quizás sea porque ya tenemos adquirido el temor de que todo lo bueno, termina en algún punto y que si ya sabemos que hasta los aviones se caen, el amor también se puede acabar.
El temor de volver a perder todo está siempre latente.
El conocer una nueva persona, después de haber conocido de cerca la perfección, se ve como una oportunidad de, tal como se lee: tapar el sol con un dedo; aunque, en el momento, pensamos que otra oportunidad de revivir el amor tal cuál es e, incluso, pensamos que puede ser mejor.
ERROR.
Por más que nos cueste reconocerlo, el fantasma de aquella "mejor relación", sigue latente y al estar con otra persona, tratamos de disfrazarlo y ocultarlo. Para esos efectos, somos mandados a hacer.
Ocupamos todas las artimañas ultra conocidas, sólo le cambiamos el nombre, la situación, el motivo y el lugar, pero, nunca queremos reflexionar por qué lo hacemos, pues bien sabemos la respuesta: te veo, me haces sentir, me haces caer.
Y, ¿qué pasa si la química se mantiene en ambos o si la atracción permanece intacta, a pesar de la razón de separación?
Pasa que pasa... eso pasa!
Soy una de las que va a tapar el sol con un dedo no sé por cuánto tiempo, pero, me agrada.

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