Después de dos días de alcoholizarme como nunca, me pregunto por qué mi cuerpo recurrió al alcohol para tapar esta pena tan grande.
El viernes, me fui a "conversar" con mi amiga Cata a un Pub del agraciado Barrio Lastarria.
Comencé lentamente con mi amado Amaretto sour, sí, el de aquel local que me encanta y que ha cubierto una de las locuras más lindas que he vivido... pero bah! esa historia es otra.
Volviendo al asunto, Comencé con mi Amaretto, comí un rico arroz con palta y sésamo, sushi y pisco sour, pisco sour, pisco sour... yyyyyyyyyyyyyyyyyyyy... morí.
Salí del local a las 11 de la noche, sin ni un peso en la BIP y entregándome a lo que primero ocurriera: que alguien me recogiera en la calle, que me encontrara con alguien que me llevara para algun lado, que la micro entrara por Lastarrias y parara frente a mi a abrirme sus puertas o que me pusiera a caminar sin sentido. Ya a esa hora, no pensaba en volver a mi casa, porque era la posibilidad más difícil sin tener el metro abierto.
En contra todo pronóstico, se dió el milagro... 23:10 y el metro aun estaba abierto. Pasaje seguro a casa y a mi dolor de cabeza.
Bajé al metro, cargué en los famosos totems y entré... y como nunca sucede en viernes en la noche o en los fines de semana, el metro apareció de inmediato por el túnel con dirección a San Pablo. Yo y mi alcoholizada humanidad, bajaron las escalera (no sé cómo) y se subieron al primer vagón.
Llegué a mi casa, no me podía la cabeza del dolor, pero sentía que necesitaba desahogarme.
En contra de mi voluntad (que me llevaba directamente a dormir), me conecté a internet y luego, tuto.
Desperté el día sábado con un beso de despedida, de esos que adoro con el alma por parte de Hugo y el puto dolor de cabeza que no me abandonaba.
Me levanté, me duché y salí... y esta vez si que no volvía hasta el otro día; así que tomé mi saco de dormir y me marché.
Pedro pasó a buscarme a San Pablo con Américo Vespucio.
El lugar de ensayo lo habían cambiado y resultó que era en un sector casi rural, con agua "bebible" pero no potable, al lado de una pequeña carretera y por donde pasaban buses a Lampa y un bus de acercamiento rojo. Al verme rodeada de taaaaanta cosa campestre, imaginé el frío nocturno, sola dentro de un saco de dormir, cagada de sed (porque además no había NINGUN NEGOCIO CERCA) y fue suficiente para querer venirme y abortar misión con lo de la noche... pero esta vez decidí no comentar nada por mensaje de texto ni dar señales, porque como que a estas alturas, siento que dan lo mismo... como si no los leyeran u.u
Empezamos el ensayo... bailé y sudé más que caballo de feria, recordaba a mi hermana, a mi mamá y me empapé de energías positivas. Bailé como nunca antes lo hice en ensayo, mientras tanto, conversaba con Pamela y Fernando, quienes amablemente me acogieron desde que llegué y que se han convertido en muy buenos partners (y más este día, en que ellos también se quedarían... en ese momento me di cuenta de que la cosa nocturna no podía estar tan mal).
El ensayo terminó, pocos se fueron. Prendimos una fogata, conversamos mucho y al rato, guitarreo, canturreo y risas... muchas risas.
Cerca de las 3 de la mañana, Pamela y Fernando deciden irse a su casa y el mundo se me vino abajo por un momento. Yo no podía hacer nada.
Me arrimé a las conversas con las muchachas, seguí riendo (y bebiendo), hasta que me dieron las 6 de la mañana y mi cuerpo ya estaba muy cansado.
Fui, entré a la sala, abrí mi saco de dormir y me metí dentro.
Los primeros momentos, fueron agradables... no sentía frío y seguía riéndome de como molestaban a los que trataban de dormir. Fotos por aquí, fotos por allá, tallas por kilo y sueño también.
En algun momento, el sueño se apoderó por mi y cerré los ojos... hasta que sentí que el piso se ponía helado y que mi espalda se congelaba. Entre en un estado de hipotermia terrible, de esos que dan rabia y ganas de llorar.
Hablé con Hugo, le dije que me iba y que no tenía plata en la BIP; y que estando en el medio de la nada, era imposible poder cargarla.
Amablemente, junto con Alexis, accedió a irse conmigo. Se dijo y se hizo.
Salí del saco, lo guardé, cerré mi bolso, me despedí, me puse los lentes de sol y abandonamos la escuela en menos de 5 minutos.
La micro se dio muchísimas vueltas antes de llegar al metro Zapadores, en donde nos bajamos en estado de zombie. Cargué la tarjeta, me subí al metro, me bajé en Santa ana y empecé a caminar al edificio de Cienfuegos con Huérfanos; ¿Cuál era el destino? NI YO LO SABÍA!
Mientras caminaba en esta fría mañana de domingo, le mandé no sé con qué mente un mensaje a mi prima Jimena que decía de forma clara:
"Weona... abre la puerta de tu departamento... recibe a esta pobre desamparada carretera que no tiene donde estar y que muere de frío en la calle. Por favor!" Tal cual.
La Jime, se paleteó, se levantó y vio mi rostro demacrado y poco digno.
Entré, tomamos desayuno, nos encerramos a fumar y a conversar y a las 11 mi cuerpo decidió descansar. La Jimena me despertó a las 14:10 para subir al 5º piso para almorzar.
Subí, se rieron de mi estado (mucho) y me preparé para almorazar.
Mientras bebíamos el aperitivo (seguía tomando), comencé a relatar lo del día jueves en la noche a mis tías y a mis primas... terminamos todas llorando y mi mamá callada asentía todo. Me sentí más desahogada que hablando con el mismo culpable de todo esto.
Al terminar la conversación, me sequé (nuevamente) las lágrimas y me paré... no para ponerle un punto final, sino que para tratar de despejarme.
En ese momento me di cuenta de que tenía otras cosas en qué pensar, aparte de lo sucedido el jueves y volví a completar los pensamientos que tenía antes... lo recordé nuevamente y he tratado toda la tarde aclarar en qué parada estoy.
No sé qué se busca en este momento... no sé si le pido mucho a mi vida.
Quiero claridad, manifestaciones, sentimientos, verdades, sinceridad... y en esta semana que ya termina, yo ya he dado mucha cuota de todo eso.
¡¡¡Quiero lo mismo para miiiii!!!
El viernes, me fui a "conversar" con mi amiga Cata a un Pub del agraciado Barrio Lastarria.
Comencé lentamente con mi amado Amaretto sour, sí, el de aquel local que me encanta y que ha cubierto una de las locuras más lindas que he vivido... pero bah! esa historia es otra.
Volviendo al asunto, Comencé con mi Amaretto, comí un rico arroz con palta y sésamo, sushi y pisco sour, pisco sour, pisco sour... yyyyyyyyyyyyyyyyyyyy... morí.
Salí del local a las 11 de la noche, sin ni un peso en la BIP y entregándome a lo que primero ocurriera: que alguien me recogiera en la calle, que me encontrara con alguien que me llevara para algun lado, que la micro entrara por Lastarrias y parara frente a mi a abrirme sus puertas o que me pusiera a caminar sin sentido. Ya a esa hora, no pensaba en volver a mi casa, porque era la posibilidad más difícil sin tener el metro abierto.
En contra todo pronóstico, se dió el milagro... 23:10 y el metro aun estaba abierto. Pasaje seguro a casa y a mi dolor de cabeza.
Bajé al metro, cargué en los famosos totems y entré... y como nunca sucede en viernes en la noche o en los fines de semana, el metro apareció de inmediato por el túnel con dirección a San Pablo. Yo y mi alcoholizada humanidad, bajaron las escalera (no sé cómo) y se subieron al primer vagón.
Llegué a mi casa, no me podía la cabeza del dolor, pero sentía que necesitaba desahogarme.
En contra de mi voluntad (que me llevaba directamente a dormir), me conecté a internet y luego, tuto.
Desperté el día sábado con un beso de despedida, de esos que adoro con el alma por parte de Hugo y el puto dolor de cabeza que no me abandonaba.
Me levanté, me duché y salí... y esta vez si que no volvía hasta el otro día; así que tomé mi saco de dormir y me marché.
Pedro pasó a buscarme a San Pablo con Américo Vespucio.
El lugar de ensayo lo habían cambiado y resultó que era en un sector casi rural, con agua "bebible" pero no potable, al lado de una pequeña carretera y por donde pasaban buses a Lampa y un bus de acercamiento rojo. Al verme rodeada de taaaaanta cosa campestre, imaginé el frío nocturno, sola dentro de un saco de dormir, cagada de sed (porque además no había NINGUN NEGOCIO CERCA) y fue suficiente para querer venirme y abortar misión con lo de la noche... pero esta vez decidí no comentar nada por mensaje de texto ni dar señales, porque como que a estas alturas, siento que dan lo mismo... como si no los leyeran u.u
Empezamos el ensayo... bailé y sudé más que caballo de feria, recordaba a mi hermana, a mi mamá y me empapé de energías positivas. Bailé como nunca antes lo hice en ensayo, mientras tanto, conversaba con Pamela y Fernando, quienes amablemente me acogieron desde que llegué y que se han convertido en muy buenos partners (y más este día, en que ellos también se quedarían... en ese momento me di cuenta de que la cosa nocturna no podía estar tan mal).
El ensayo terminó, pocos se fueron. Prendimos una fogata, conversamos mucho y al rato, guitarreo, canturreo y risas... muchas risas.
Cerca de las 3 de la mañana, Pamela y Fernando deciden irse a su casa y el mundo se me vino abajo por un momento. Yo no podía hacer nada.
Me arrimé a las conversas con las muchachas, seguí riendo (y bebiendo), hasta que me dieron las 6 de la mañana y mi cuerpo ya estaba muy cansado.
Fui, entré a la sala, abrí mi saco de dormir y me metí dentro.
Los primeros momentos, fueron agradables... no sentía frío y seguía riéndome de como molestaban a los que trataban de dormir. Fotos por aquí, fotos por allá, tallas por kilo y sueño también.
En algun momento, el sueño se apoderó por mi y cerré los ojos... hasta que sentí que el piso se ponía helado y que mi espalda se congelaba. Entre en un estado de hipotermia terrible, de esos que dan rabia y ganas de llorar.
Hablé con Hugo, le dije que me iba y que no tenía plata en la BIP; y que estando en el medio de la nada, era imposible poder cargarla.
Amablemente, junto con Alexis, accedió a irse conmigo. Se dijo y se hizo.
Salí del saco, lo guardé, cerré mi bolso, me despedí, me puse los lentes de sol y abandonamos la escuela en menos de 5 minutos.
La micro se dio muchísimas vueltas antes de llegar al metro Zapadores, en donde nos bajamos en estado de zombie. Cargué la tarjeta, me subí al metro, me bajé en Santa ana y empecé a caminar al edificio de Cienfuegos con Huérfanos; ¿Cuál era el destino? NI YO LO SABÍA!
Mientras caminaba en esta fría mañana de domingo, le mandé no sé con qué mente un mensaje a mi prima Jimena que decía de forma clara:
"Weona... abre la puerta de tu departamento... recibe a esta pobre desamparada carretera que no tiene donde estar y que muere de frío en la calle. Por favor!" Tal cual.
La Jime, se paleteó, se levantó y vio mi rostro demacrado y poco digno.
Entré, tomamos desayuno, nos encerramos a fumar y a conversar y a las 11 mi cuerpo decidió descansar. La Jimena me despertó a las 14:10 para subir al 5º piso para almorzar.
Subí, se rieron de mi estado (mucho) y me preparé para almorazar.
Mientras bebíamos el aperitivo (seguía tomando), comencé a relatar lo del día jueves en la noche a mis tías y a mis primas... terminamos todas llorando y mi mamá callada asentía todo. Me sentí más desahogada que hablando con el mismo culpable de todo esto.
Al terminar la conversación, me sequé (nuevamente) las lágrimas y me paré... no para ponerle un punto final, sino que para tratar de despejarme.
En ese momento me di cuenta de que tenía otras cosas en qué pensar, aparte de lo sucedido el jueves y volví a completar los pensamientos que tenía antes... lo recordé nuevamente y he tratado toda la tarde aclarar en qué parada estoy.
No sé qué se busca en este momento... no sé si le pido mucho a mi vida.
Quiero claridad, manifestaciones, sentimientos, verdades, sinceridad... y en esta semana que ya termina, yo ya he dado mucha cuota de todo eso.
¡¡¡Quiero lo mismo para miiiii!!!
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