Tomo la micro en la esquina de Pajaritos con Tristán Valdés. Nunca fue mi intensión tomar la micro ahí; es más, me iba a ir a Américo Vespucio, pero bueno. Yo iba completamente lúcida. A pesar de que tomé más de la cuenta durante toda la noche, llegué solamente al estado típico que se produce en mi cuando bebo más de dos combinados, es decir: mucha risa junto con mis amigas y ganas de que me hagan reir hasta con el peor de los chistes.
Subí a la micro, y un sentimiento de muchísima pena me invadió. Lloré todo el camino de regreso hacia mi casa, y sabía muy bien lo que me causaba esa profunda pena; y también sabía que, si la llegaba a manifestar, podía causar lo que siempre ha pasado. Fue así que preferí callar. Callar otra vez.
Llegué a mi casa cerca de las 9 de la mañana con una acidez y un hambre terrible. Comí la mitad de un pan, y luego me acosté. Dormí hasta las 13:30 hrs, y aún así, desperté con una migraña mundial. No busqué nada para evitarlo... sólo salí a mi patio y colgué mis jeans y mi chaleco para que se quitara un poco del olor a cigarro, y luego, me fui directo a la ducha.
Recordé la pena de la mañana y volví a llorar. Salí de la ducha y serví el almuerzo con los ojos nublados de tanto llanto.
A las 14:30, llegó Félix a buscarme a la casa para cumplir con el compromiso que ambos adquirimos con un muy buen amigo de la familia. Y yo... dale que dale, seguía llorando. No supe explicarle el motivo de mi tremenda pena... creo que nunca lo comprendió, ni jamás podría comprenderlo. En ese momento, supe y entendí lo mucho que me afectan ciertas cosas, además de percatarme que no he sido curada de espanto y que aún sufro de esta maldita hipersensibilidad estúpida e incoherente, estado que a veces es el que más odio de mi, y que, ciertamente, es generado en gran parte por mi maldita cobardía y mi eterno miedo.
Recordé todo lo que había sucedido durante la noche; las cosas y las palabras.
Ciertamente, no soy moneda de oro ni nada parecido y creo conocer en gran parte todos mis defectos y, como a la mayoría de la gente, detesto que me los saquen en cara, pero, esta vez, fue esa una de las tantas cosas que me causaron esas tremendas ganas de llorar, y más de la persona que lo recibí; un ser totalmente desconocido y que supo expresarse tan bien, que jamás me molestó que me dijera "pero ella era muy simpática". Recordé de inmediato eso de que yo le caigo mal a todo el planeta tierra y que la primera impresión que doy, es ciertamente la de un monstruo comegente de aspecto horrible.
Seguía la noche, seguían sucediendo cosas, la conversación era cada vez más agradable y nosotras, siempre coludidas y complices. Será por esto que quiero tanto a estas cabras... que me acepten como soy, es lo que más alabo de esta relación de amistad.
En fin...
algunas hablaban más de la cuenta y otras tratábamos otros de temas de nuestro interés, o más bien, eramos sinceras y entregábamos nuestra respetada opinión.
Les dije en algún momento, a alguna hora de la madrugada "¿saben?, tengo como pena..."
Me miraron, expliqué y comprendieron. Varias respondieron "imagínate yo que..." o bien, "que me queda a mi", y no faltaron los halagos como "tú te sacaste el loto" [felicitaciones para Jenny, adjudicadora de este cumplido]
Miraba a mi alrededor, y cada vez sacaba conclusiones distintas. Algunas las comentaba, otras, las más dolorosas, las guardé [y siguen guardadas].
También recuerdo que imaginamos, hablamos de diversas ilusiones, compartimos experiencias, y bla, bla, bla.
Luego, las cosas fueron variando en forma y expresión: recuerdo las diefrencias de opiniones, las dicusiones y los enojos, que hoy [me vengo a enterar], se han convertido en nuevos cahuines extraños que no tienen ningún fin. Eso me enoja. Me enoja demasiado...
Y me da la pena y sigo con esta ehthupidez...
Esta cosa que no sé cómo se llama.
Subí a la micro, y un sentimiento de muchísima pena me invadió. Lloré todo el camino de regreso hacia mi casa, y sabía muy bien lo que me causaba esa profunda pena; y también sabía que, si la llegaba a manifestar, podía causar lo que siempre ha pasado. Fue así que preferí callar. Callar otra vez.
Llegué a mi casa cerca de las 9 de la mañana con una acidez y un hambre terrible. Comí la mitad de un pan, y luego me acosté. Dormí hasta las 13:30 hrs, y aún así, desperté con una migraña mundial. No busqué nada para evitarlo... sólo salí a mi patio y colgué mis jeans y mi chaleco para que se quitara un poco del olor a cigarro, y luego, me fui directo a la ducha.
Recordé la pena de la mañana y volví a llorar. Salí de la ducha y serví el almuerzo con los ojos nublados de tanto llanto.
A las 14:30, llegó Félix a buscarme a la casa para cumplir con el compromiso que ambos adquirimos con un muy buen amigo de la familia. Y yo... dale que dale, seguía llorando. No supe explicarle el motivo de mi tremenda pena... creo que nunca lo comprendió, ni jamás podría comprenderlo. En ese momento, supe y entendí lo mucho que me afectan ciertas cosas, además de percatarme que no he sido curada de espanto y que aún sufro de esta maldita hipersensibilidad estúpida e incoherente, estado que a veces es el que más odio de mi, y que, ciertamente, es generado en gran parte por mi maldita cobardía y mi eterno miedo.
Recordé todo lo que había sucedido durante la noche; las cosas y las palabras.
Ciertamente, no soy moneda de oro ni nada parecido y creo conocer en gran parte todos mis defectos y, como a la mayoría de la gente, detesto que me los saquen en cara, pero, esta vez, fue esa una de las tantas cosas que me causaron esas tremendas ganas de llorar, y más de la persona que lo recibí; un ser totalmente desconocido y que supo expresarse tan bien, que jamás me molestó que me dijera "pero ella era muy simpática". Recordé de inmediato eso de que yo le caigo mal a todo el planeta tierra y que la primera impresión que doy, es ciertamente la de un monstruo comegente de aspecto horrible.
Seguía la noche, seguían sucediendo cosas, la conversación era cada vez más agradable y nosotras, siempre coludidas y complices. Será por esto que quiero tanto a estas cabras... que me acepten como soy, es lo que más alabo de esta relación de amistad.
algunas hablaban más de la cuenta y otras tratábamos otros de temas de nuestro interés, o más bien, eramos sinceras y entregábamos nuestra respetada opinión.
Les dije en algún momento, a alguna hora de la madrugada "¿saben?, tengo como pena..."
Me miraron, expliqué y comprendieron. Varias respondieron "imagínate yo que..." o bien, "que me queda a mi", y no faltaron los halagos como "tú te sacaste el loto" [felicitaciones para Jenny, adjudicadora de este cumplido]
Miraba a mi alrededor, y cada vez sacaba conclusiones distintas. Algunas las comentaba, otras, las más dolorosas, las guardé [y siguen guardadas].
También recuerdo que imaginamos, hablamos de diversas ilusiones, compartimos experiencias, y bla, bla, bla.
Luego, las cosas fueron variando en forma y expresión: recuerdo las diefrencias de opiniones, las dicusiones y los enojos, que hoy [me vengo a enterar], se han convertido en nuevos cahuines extraños que no tienen ningún fin. Eso me enoja. Me enoja demasiado...
Y me da la pena y sigo con esta ehthupidez...
Esta cosa que no sé cómo se llama.
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