lunes, 2 de diciembre de 2013

Casi 12 meses dándole vuelta a asuntos que siempre quise terminar de buena forma.
Yo hace rato que di por cerrados ciertos capítulos, pero, eso era por mi parte, porque llegó un momento en que ya te aburres de esperar que la otra parte ponga, al igual que tú, un punto final maduro que haga que la sensación de alivio y libertad engrandezca a ambas partes.
Esta es la segunda vez que me pasa.
Sí. Es la segunda vez que se pone término y punto final a una situación que yo hace rato sanjé, pero, faltaba la otra parte.
La otra parte, sin decirme una palabra, hizo lo suyo.
Estoy contenta.
Otro capítulo completamente sellado.
No me queda más que decirte "adiós".
¡Estoy cada vez más limpia!
Cada vez más viva.

sábado, 16 de noviembre de 2013

Sesión.

¿Lourdes?
Hola... pasa.
Cuéntame... ¿Cómo estás?
Así han empezado todas las sesiones, desde abril.
Primero, cada dos semanas; luego, una vez al mes y ahora, una vez cada mes y medio, o dos meses.
Siento que el psicólogo quería, como fuera, darme el alta hoy, y yo, después de mucho conversar, le pedí por favor que esperara hasta que volviera de mis vacaciones, porque ellas eran parte de mi terapia y necesitaba que me ayudara a analizar todo lo que allá pudiese pasar o sentir.
Asintió y con eso, me alivié.
Al comenzar cada sesión, le temía a la pregunta "¿Cómo estás?".
Siempre pensé que los psicólogos ya sacaban la primera conclusión con la respuesta que dieras a esa puta pregunta. Porque, no es el "¿Cómo estás?" típico de un saludo protocolar, sino que un "¿Cómo estás?" mirándote a los ojos y buscando la respuesta correcta. Creo que con este tratamiento aprendí a responder de verdad esta pregunta y no dar el "bien" solamente por cumplir con el saludo tan mentiroso que se dan todas las personas.
Bueno... hoy respondí: "bien... bien... sí... bien... o sea... es que..." y bla bla bla.
Le conté sobre mis ganas de recargarme de trabajo, del tiempo que falta para el viaje, de la desilusión que sentí por una situación en especial y, entre tanto hablar, llegué a comentarle lo muy agradecida que estaba de todo este año, de todo este proceso, de toda esta depresión.
Le conté que estoy pronta a cambiar de folio y que ese día, había decidido más que celebrar un cumpleaños, celebrar mi graduación de este año de "estudio e introspección. El 28 de diciembre, cumplo un año desde que tomé el primer antidepresivo de mi vida.
Hablé, creo, por espacio de más o menos 20 minutos sin pausa ni interrupción.
Parece ser así en todas las sesiones. Primero, dejar que el paciente hable todo lo que quiera, el tiempo que quiera, para luego dar paso a las preguntas del psicólogo... cada una certera y algunas, sin respuesta.
Recuerdo que a principio de año sólo lloraba y hablaba sollozando. Hoy, ya respondo todo y es más, Boris (mi psicólogo), se ríe y comenta conmigo todo lo que voy diciendo.
Le dije que llevo un par de meses haciendo un análisis y un resumen de este proceso; de que yo comparo mi depresión con el crecimiento de una persona desde la infancia hasta la adultez, pero, todo en un año.
Hoy, tomó asiento y me dijo: "no sabes lo valioso que es la retrospección, introspección y análisis que haces de este último año"
Siguió:
"El tener tu propia visión de tu depresión te hizo pensar en la gran conclusión: 'las cosas tienen que ocurrir'. Es bueno también que al fin entiendas que lo negativo cumple una función e importancia muy grande en este proceso.
Debes tomar en cuenta que la depresión aparece en la vida de una persona porque algo está mal; algo se está haciendo mal, algo no se está haciendo o algo estoy permitiendo a regañadientes.
Siempre, Lourdes... SIEMPRE la depresión es un agente de cambio que aparece porque tiene que aparecer, tarde o temprano.
Tomando en cuenta todo esto, debes ya saber y entender que la depresión es un mal necesario, como buen agente de cambio.
Entiendo muy bien tu miedo a volver a pasar por esto, pero, también debes considerar que ese miedo, el día de mañana y si vuelves a pasar por esta misma sensación, te va a hacer pensar: 'no es necesario volver a pasar por esto' y eso te va a servir para reforzar todo lo que ya has pasado durante este año.
Yo sé que tú eres una paciente muy aplicada y muy culta, pero, debo decirte, porque sé que no me vas a comer vivo, que quizás no era siquiera necesario que acudieras a un psicólogo, porque, como buena enfermedad, la depresión, como llega, se va. A veces se demora más, a veces se demora menos, pero, nunca es eterna".
Después de esto, tomó un plumón y dibujó algo muy similar a una araña en su pizarra blanca. Cada una de las patas, tenía un nombre distinto: angustia, tristeza, irritabilidad, trastornos del sueño, desmotivación y ansiedad.
Después de esto, continuó:
"La depresión se compone de dos elementos:
1.- Los síntomas
2.- El conflicto.
En este casi año que llevas en tratamiento, hemos tratado todos tus síntomas y algunos ya han desaparecido. Pero, ahora, mira esta araña. Todas las patas de la araña, están unidas a un cuerpo. Le cortamos las patas a la araña, curando tus síntomas, pero, el veneno de la araña, está en el cuerpo. Ese cuerpo, es el conflicto. No saco nada con curarte los síntomas, si el conflicto sigue ahí, como el veneno de la araña.
En esta vida, todos tenemos problemas de distintas índoles, pero, problemas al fin y al cabo.
Cada vez que un problema crece mucho, se convierte en conflicto y de ahí nace la necesidad de saber resolver tus problemáticas a medida que van apareciendo y no guardarlas hasta estallar. En otras palabras, no hay depresión si se resuelven los problemas a tiempo. Por eso los conflictos son internos, porque de tanto que han crecido, se vuelven en problemas que cuesta mucho resolver".
Ya casi completábamos la hora de sesión y me preguntó: "¿Tú sabes lo que es la locura?", a lo que yo respondí: "yo lo entiendo como un desequilibro", y él, me contestó: "debes saber que la locura, la determina el contexto cultural y en este mundo NADIE ES DUEÑO DE LA CORDURA".
Cada vez que se va al psicólogo, las personas te dicen "Oye... eso de ir al psicólogo no es porque estás loca" y hoy, Boris me aclaró que, para él, cada persona que llega a su consulta son efectivamente locos... personas que se han inadaptado al contexto cultural impuesto por la sociedad.
Finalizó con: "Tú, te hiciste cargo de tu locura".
Así ya han pasado casi 11 meses.
Se acerca el cumpleaños de mis antidepresivos.