No sé por qué estoy a las 02:19 am. sentada frente al computador escribiendo acá, si, ciertamente, estas cosas estan ultra botadas... pero aun así, recordé que era una buena forma de decantar esta maldita idea que tengo en la cabeza. Entonces, al final, si sé porque estoy sentada al pc a esta hora.
Lo de anoche me dejó sin habla... ahora analizo que lo peor que pude haber hecho en ese instante, fue mirar por la ventana y ver esa luz. Podría haberme mirado al espejo, haber cambiado la tele, haberme quedado eternamente con el tronco doblado y la cabeza a gachas... pero no. Bastó con que me incorporara para que todo ese momento diera un vuelco. Me pregunto, ¿en qué estaba que no me arreglé el pelo?, ¿por qué no frote mi muñeca en mis párpados?, ¿por qué no hice cualquier estupidez? cualquier cosa... ¿por qué no hice cualquier cosa que no haya sido mirar por la ventanaaaaa?
Quise llorar de inmediato.
Me aguanté y recordé por unos segundos totalmente callada esa maldita sensación, la misma que recordaba hace una semana atrás... la misma sensación que recordé y analicé con una persona el viernes pasado (da igual la identidad de esa persona).
Fui sincera y mi lengua supo muy bien hilar cada palabra que salió de mi boca. Me atacó mucho la sinceridad, tanto que yo me sorprendí de todo lo que dije de forma taaaan acertada.
Me preguntaron: "¿y por qué no dijiste nada?; ¿y piensas guardarlo para siempre?", y yo respondí "Sí", más segura que nunca (de la boca hacia afuera). En mi interior quisiera haber tenido otra vez ese imán, pero no fui capaz. Y debo decir que esta vez si que esperé el momento... preparada y decidida... e incluso rogué por el mismo efecto, dispuesta a dar el todo por el todo, a cambiar de polo a polo, a no dudar por ningun momento... a abandonar, a abortar la actual misión.
Bien o mal, lo hice en vano. Las cosas quedaron tal cual.
Me pregunto cuál es la fórmula y por qué resulta ahora también, a pesar de que ya no soy yo el elemento en cuestión y, por ende, odio a los otros elementos que si lo son.
Odio esta sensación de incondicionaldad mezclada con sentimientos que siquiera voy a nombrar. Odio que ya no se de esa cuestión recíproca que tanto extraño, a pesar de tener de quien recibirla.
Tuve tantas veces la intención de recurrir a infantilismos y salidas fáciles para disfrazar esta cara de desesperación, que ya estaba disfrazada de "no me importa"... y no hice nada. Nada de nada. O sea nada, conjunto vacío, cero, mutis, naca la pirisnaca y todo lo que tenga que decir nulo.
Ahora acá estoy... ya no tengo para qué disfrazar mi cara y si alguien me pregunta, soy sincera y contesto. Digo la verdad ahora, pero lo hago ahora porque sé que ya no hay nada que hacer. En el momento en que sí se podía hacer algo, tuve miedo (al menos me alegra saber que no fue un miedo en vano)
En este momento, no sé si maldecir o recordar para bien.
Quisiera, quisiera...
Lo de anoche me dejó sin habla... ahora analizo que lo peor que pude haber hecho en ese instante, fue mirar por la ventana y ver esa luz. Podría haberme mirado al espejo, haber cambiado la tele, haberme quedado eternamente con el tronco doblado y la cabeza a gachas... pero no. Bastó con que me incorporara para que todo ese momento diera un vuelco. Me pregunto, ¿en qué estaba que no me arreglé el pelo?, ¿por qué no frote mi muñeca en mis párpados?, ¿por qué no hice cualquier estupidez? cualquier cosa... ¿por qué no hice cualquier cosa que no haya sido mirar por la ventanaaaaa?
Quise llorar de inmediato.
Me aguanté y recordé por unos segundos totalmente callada esa maldita sensación, la misma que recordaba hace una semana atrás... la misma sensación que recordé y analicé con una persona el viernes pasado (da igual la identidad de esa persona).
Fui sincera y mi lengua supo muy bien hilar cada palabra que salió de mi boca. Me atacó mucho la sinceridad, tanto que yo me sorprendí de todo lo que dije de forma taaaan acertada.
Me preguntaron: "¿y por qué no dijiste nada?; ¿y piensas guardarlo para siempre?", y yo respondí "Sí", más segura que nunca (de la boca hacia afuera). En mi interior quisiera haber tenido otra vez ese imán, pero no fui capaz. Y debo decir que esta vez si que esperé el momento... preparada y decidida... e incluso rogué por el mismo efecto, dispuesta a dar el todo por el todo, a cambiar de polo a polo, a no dudar por ningun momento... a abandonar, a abortar la actual misión.
Bien o mal, lo hice en vano. Las cosas quedaron tal cual.
Me pregunto cuál es la fórmula y por qué resulta ahora también, a pesar de que ya no soy yo el elemento en cuestión y, por ende, odio a los otros elementos que si lo son.
Odio esta sensación de incondicionaldad mezclada con sentimientos que siquiera voy a nombrar. Odio que ya no se de esa cuestión recíproca que tanto extraño, a pesar de tener de quien recibirla.
Tuve tantas veces la intención de recurrir a infantilismos y salidas fáciles para disfrazar esta cara de desesperación, que ya estaba disfrazada de "no me importa"... y no hice nada. Nada de nada. O sea nada, conjunto vacío, cero, mutis, naca la pirisnaca y todo lo que tenga que decir nulo.
Ahora acá estoy... ya no tengo para qué disfrazar mi cara y si alguien me pregunta, soy sincera y contesto. Digo la verdad ahora, pero lo hago ahora porque sé que ya no hay nada que hacer. En el momento en que sí se podía hacer algo, tuve miedo (al menos me alegra saber que no fue un miedo en vano)
En este momento, no sé si maldecir o recordar para bien.
Quisiera, quisiera...